Pourrain fue parte del equipo que eliminó a Vélez en la Copa Argentina y logró el ascenso, lo que le abrió las puertas a dar el siguiente paso en su carrera en Sports Boys de Bolivia. Sin embargo, una crisis institucional sin precedentes en el fútbol boliviano provocó que no pudiera debutar. La oportunidad de jugar en Estados Unidos llegó en un momento clave, y con gran determinación comenzó a preparar su traslado, impulsado por el deseo de hacer parte del creciente fenómeno del fútbol en este país. “El día que se me dio la oportunidad en Real Pilar y pude vivir del fútbol, me prometí jugar hasta que el físico me dé”, comentó, recordando que la pandemia interrumpió pero no detuvo su camino hacia ese objetivo.
Cuando el Covid dejó de ser una amenaza, Pourrain ya había decidido que Estados Unidos sería su hogar y gestionó la residencia y el permiso de trabajo, que posteriormente obtuvo. Así, comenzó a construir su vida y carrera en Florida, donde conoció a Stefanía Almandoz, hija del recordado Héctor Coio Almandoz, actual entrenador en la segunda división de Chile. Su trayectoria en la costa Este fue prominente, sumando pasos por Miami Beach FC, Miami City y Club de Lyon, y actualmente se encuentra jugando para Miami United DC. Parallelamente, se desempeña como instructor de fútbol en una academia en Key Biscayne, enseñando a las categorías U11 y U12. De no ser por un desafortunado giro de los acontecimientos, su historia podría haber tenido un final feliz.
Un día, mientras se preparaba para volar a Los Ángeles en busca de ascenso con su equipo, tres personas de civil lo abordaron en el aeropuerto. Uno de ellos pronunció su nombre y el otro le solicitó que los acompañara. Este momento marcó el inicio de una pesadilla inimaginable.
“Jamás pensé que pasaría por algo así. Me siento como si me hubieran secuestrado, me estaban pidiendo 20.000 dólares de rescate, que es el monto de la fianza. Estoy libre, pero mi situación sigue siendo la misma: mis papeles permanecen en el limbo, esperando el trámite de residencia. Es frustrante, porque las condiciones a las que fui sometido son absolutamente inhumanas”, relató Pourrain por teléfono desde su hogar, tratando de equilibrar sus emociones. Aunque ha regresado a trabajar en la Academia, aún no puede volver a jugar, puesto que necesita mejorar su estado físico y recuperar masa muscular tras su experiencia traumática. Además, se enfrenta a una difícil situación económica: la fianza fue cubierta en un 25 por ciento gracias a una colecta solidaria, y ahora tiene la responsabilidad de devolver el dinero a quienes contribuyeron a su liberación. A pesar de esto, lo que realmente le impactó durante su encierro fue aprender a valorar esos momentos sencillos que antes le pasaban desapercibidos. “El día que volví a casa, disfruté de un mate con un tostado junto a mi esposa y me di cuenta de lo hermoso que era ese momento”, recordó, contrastando su realidad de 22 días atrás, cuando se encontraba encadenado.
El futbolista describió el impactante momento de su encierro: “Lo más difícil fue todo lo que viví en el centro de procesamiento Miramar. Sin dudas, fue lo peor que me sucedió. Al llegar, me esposaron y encadenaron a una silla durante más de 24 horas. Pasé tres días sin comer, y cuando me daban comida, esta estaba en condiciones deplorables. Era asqueroso, inhumano. Sentí un frío extremo y un hambre que dolía intensamente. Solo me ofrecían medio litro de agua al día. Intenté regular mi ingesta, pero había momentos en los que la sed se volvía intolerable. Me decían que si quería más agua, debía llenarla de un bebedero que solo producía un chorro mínimo, y peor aún, era el mismo donde todos hacían sus necesidades. En una ocasión, éramos 68 personas en la misma habitación, apenas podías sentarte. Solo me daban papel aluminio para intentar dormir en ese lugar. Nunca imaginé tener que pasar por todo esto.”
Sobre sus compañeros de encierro, Pourrain señaló: “Conocí a muchas personas de diversas profesiones. Había un médico, otros eran trabajadores de la construcción… Y también conocí a Víctor, quien compartió conmigo desde Miramar hasta Texas, y sigue ahí esperando poder salir, con su permiso de trabajo vigente, como todos los que estaban con nosotros. Una vez, observé una celda donde tenía que estar una mujer mayor, además de una chica embarazada. Son imágenes que quedan grabadas.”
Cuando la mente se vio obligada a reflexionar, Pourrain pasó mucho tiempo analizando sus pensamientos. “Las horas de soledad fueron una constante. Te pasas prácticamente todo el día pensando, y es muy duro, ya que ellos juegan con tu mente. En los momentos finales, trataba de convencerme de que tenía que ganar esta batalla, como si fuera un partido. Decía: ‘Debo lograrlo, no puedo dejarme vencer, debo mantenerme firme’. Pero todo se complicó cuando me cambiaron de fecha para la fianza, justo cuando me trasladaron a Texas, lo que alargó mi encierro por diez días más. Es un proceso desgastante. La presión era abrumadora, ya que constantemente insinuaban que optaras por una salida voluntaria, recomendando que te fueras, ya que ahí adentro podrías pasar mucho tiempo y que casi nadie lograba salir con fianza”, subrayó, reflejando la angustia de su realidad.
Al mismo tiempo, Pourrain retoma su perspectiva sobre Estados Unidos. “Siempre lo vi como un país lleno de oportunidades, especialmente con el fútbol en crecimiento. Hay tanto por hacer aquí, y la llegada de Leo (Messi) ha impulsado aún más el interés. Es un lugar que ofrece un orden y una calidad de vida apreciables. Antes de esto, había armado mi vida aquí, encontré a mi mujer, que es argentina, y ya estaba casado… Esto fue un gran golpe. Sin embargo, tengo una gran impresión de este país y de muchas personas aquí. Como en todos lados, hay individuos con malas intenciones, y lamentablemente me tocó vivir esta experiencia. Espero que sea solo un mal recuerdo y que pueda sacar lo positivo de ello para seguir adelante.”
A pesar del trauma, no ha cambiado su percepción sobre la vida en Estados Unidos. “Hasta este episodio, mi experiencia había sido buena. La gente que está a cargo de una parte de este país, que me sometió a una de las peores situaciones de mi vida, es sin duda la peor que he conocido. Sé que esto tiene que cambiar pronto. No se puede hacerle esto a nadie. Siguiendo la historia, puedo hablar por mí, pero hay muchas personas que conocí ahí dentro y que también merecen salir pronto. Estoy estudiando en línea para ser director técnico y deseo continuar mi vida ligada al fútbol, que es mi verdadera pasión. Y aquí siento que tengo esa posibilidad. Hasta hace 25 días, con mi esposa, éramos muy felices aquí.”
Sobre su situación financiera, Pourrain admitió: “Sí, estoy endeudado por la fianza. Se organizó una colecta y se lograron reunir alrededor de 5.000 dólares. Intento no pensar en ello, pero el saldo es lo que más me estresa desde que supe el monto de la fianza total, que era de 20.000 dólares. Sé que mi familia ha colaborado, muchos aportaron según sus posibilidades y debo reembolsarles. Estoy sinceramente agradecido a todos: a quienes donaron, a quienes compartieron la recaudación y contribuyeron de cualquier forma… Estoy realmente agradecido.”
A pesar de la serie de eventos desafortunados que ha enfrentado, Pourrain mira al futuro con determinación. “Aún no he vuelto al club, pero espero reincorporarme la semana que viene. He perdido peso y debo recuperar fuerza y resistencia. El club ha sido comprensivo y me han dado tiempo para que progrese en mi recuperación. Este fin de semana comienza la primera fecha de la temporada y planeo reintegrarme en cuanto esté listo. Sin embargo, todavía no sé cuándo podré jugar; el estrés y todo lo que viví han sido agotadores. Nunca antes había tenido calambres, pero durante los primeros días en la cárcel despertaba con calambres en las piernas, en los gemelos, y eso seguramente está relacionado con el nivel de tensión y estrés que sufrí. Tendré que ver cómo responde mi cuerpo.
Lo primero que hizo una vez que la fianza fue depositada fue intentar regresar de Texas a Florida. Sin vuelos disponibles, tomó el primer autobús que encontró para hacer los 1.600 kilómetros. Sin sus documentos, ya que estos fueron retenidos por el servicio de Migraciones, pero portando un papel que justificaba su situación de libertad, su corazón se detuvo al cabo de media hora de viaje cuando un control del ICE detuvo el micro para inspeccionar a los pasajeros. No puede separarse de ese papel hasta que recupere sus documentos, ni de un teléfono que le entregaron que lo geolocaliza en tiempo real. Su abogada Regina de Moraes tiene programada una audiencia el 14 de septiembre en las oficinas de Migraciones para solicitar que lo dejen de monitorear, dado que no es un delincuente ni tiene libertad condicional. Mientras tanto, Pourrain aspirará a volver a la paz de la vida que llevaba antes de cargar con el estigma de ser un inmigrante ilegal.







