En el deporte argentino, parece haber un sello trágico para los ídolos populares. Juan Gálvez, nueve veces campeón de TC, perdió la vida en un accidente durante una carrera. Gatica falleció bajo las ruedas de un colectivo mientras vendía recuerdos relacionados con la cancha de Independiente, sumido en la pobreza. Monzón, después de haber sido condenado por el asesinato de su esposa, murió en un accidente automovilístico, y su trágica historia parece ya olvidada. Bonavena fue acribillado en un cabaret en Reno, Nevada. Víctor Hugo Galíndez, tras dejar el boxeo por el automovilismo, también encontró un desenlace trágico en una competencia. Y Maradona, ¿qué se puede decir de él? Vilas, en su ocaso, ha decidido mantenerse alejado de las apariciones públicas. No obstante, sigue aquí, soportando las pruebas que le ha deparado la vida.
Las cifras son contundentes y permiten apreciar su legado en el deporte y su contribución a lo que se entiende como orgullo nacional. Guillermo ha sido, es y será un referente para todos. Su figura es reconocida como la de un pionero que popularizó el tenis en un país donde este deporte era privilegio de las élites. Si hay figuras como Messi y Maradona en el fútbol, es porque Vilas abrió el camino. La histórica cadena del deporte argentino también se manifiesta en nuevas estrellas; así, si Tirante acaba de lograr una hazaña frente a Djokovic, es porque se enmarca en esa herencia que comenzó con Vilas.
Desde que su padre, Roque, le obsequió su primera raqueta, Guillermo no ha dejado de perfeccionarse en el frontón de su casa en Mar del Plata, hasta que el profesor Locicero le brindó su guía en el Náutico. Saltemos desde aquel niño zurdo hacia el hombre de 74 años que es hoy. Cuatro veces campeón de Grand Slam —dos en Australia, uno en el US Open y otro en Roland Garros—, con Wimbledon como el único torneo que le fue esquivo, famoso por su frase: “el pasto es para las vacas”. Aunque mereció el número 1 en el ranking, un error en la ATP le privó de esa distinción. Guillermo, indiscutiblemente, es un campeón sin corona.
Durante su época de mayor reconocimiento, se consolidó como una de las figuras más aclamadas del país, no solo por su potente juego de zurda. También incursionó en la música, siendo cercano a Luis Alberto Spinetta, quien se convirtió en el padrino de uno de sus hijos. Representó un punto de referencia dentro del machismo argentino a través de su relación con Carolina de Mónaco. Se aventuró en la poesía con su obra “125”. Participó en publicidades y siempre fue un conversador ágil y entretenido en las entrevistas.
Su imagen, ya sea conectando el revés o ejecutando la Gran Willy, adornó los espejos retrovisores de varios colectivos, en un homenaje silencioso que se extendía más allá de la referencia a futbolistas o clubes. Esto es algo poco común entre los deportistas, y menos aún en el caso de un tenista.
Guillermo Vilas cumple 74 años, lidiando con problemas de salud, pero todavía se encuentra presente entre nosotros. Por todo lo que nos ha dado, merece al menos un saludo respetuoso, aunque él no lo sepa. ¡Salud, Willy! Gracias por esos incontables 15, 30, 40, game, set. Tu legado es inolvidable.







