El proceso judicial que sigue a la quiebra de Alimentos Refrigerados S.A. (ARSA) ha entrado en una etapa definitoria. Tras ocho meses de trámites para la liquidación de la antigua unidad de negocios de yogures y postres de SanCor, el expediente ha pasado de la etapa de manifestaciones de interés a la recepción de propuestas formales, revelando tácticas divergentes entre los actores interesados en estos activos industriales.
Mientras que algunos inversores ven la oportunidad de adquirir un bloque integral, otros prefieren una estrategia fragmentada, enfocándose exclusivamente en activos específicos. Este escenario obliga a la justicia a evaluar si es más beneficioso para los acreedores vender la compañía como una unidad productiva en marcha o proceder con una liquidación disgregada por lotes.
La postura más ambiciosa proviene de Vicentin, que presentó una oferta firme por u$s2,5 millones para hacerse con el control total, incluyendo las plantas de Arenaza y Monte Cristo, junto con la totalidad de las marcas y equipamiento. La empresa busca, además, obtener autorización para una explotación transitoria; su argumento es preventivo: una unidad fabril inactiva se deprecia con celeridad, perdiendo valor comercial, capacidad operativa y contacto con proveedores. Proponen mecanismos como la producción a fason o alquiler de capacidad instalada para mitigar este deterioro durante el litigio.
En contraparte, otras compañías han optado por la adquisición selectiva. Elcor, fabricante de ‘Tonadita’, ha diversificado su propuesta presentando ofertas independientes: u$s1 millón por la planta de Arenaza y u$s450.000 por el portafolio de marcas (incluyendo Yogs, Shimy y Sancorito). Simultáneamente, un consorcio de empresarios cordobeses (Márquez, Sferco, Rivarola, Manso, Villafañe y Kupferman) ha ofertado u$s1,5 millones exclusivamente por la planta de Monte Cristo. Estos inversores han sido cautelosos, exigiendo una auditoría técnica para asegurar que las instalaciones no hayan sufrido vandalismo o desguace, y solicitando que la transferencia sea libre de cualquier pasivo laboral o fiscal.El panorama se completa con el interés de firmas como Vacalin y Tregar, que evalúan la factibilidad de presentar ofertas tras realizar inspecciones de campo.
Contexto histórico:
El declive de ARSA comenzó años después de su creación en 2016, cuando Vicentin desembolsó cerca de u$s100 millones por el negocio de refrigerados de SanCor. La empresa atravesó una crisis sistémica bajo la gestión de Maralac, un concurso preventivo en 2024 y, finalmente, la declaración de quiebra a fines de 2025. Hoy, la discusión trasciende la viabilidad de la firma; se centra en quién tomará posesión de una de las carteras de marcas más reconocidas del mercado lácteo argentino y de sus plantas industriales clave.







