El futbolista recibió su medalla de campeón del mundo después de que España venciera a Argentina 1 a 0 en el MetLife Stadium de Nueva Jersey. Al pasar frente al presidente de Estados Unidos, su saludo fue breve y casi automático, lo que generó una rápida difusión del momento en las redes sociales.
Antes de la final, Iglesias había sido interrogado sobre la posibilidad de saludar a Trump en el caso de que España ganara la Copa del Mundo. Con humor, respondió: “No tengo ganas de ir a la cárcel”, una frase que pronto se volvió viral.
Posteriormente, el jugador explicó que había anticipado ese momento en el podio y deseaba saludar al mandatario en un ambiente de celebración. “Es algo que he pensado, que me he podido incluso imaginar. Espero saludarlo en un momento en el que estemos todos muy contentos, que pase muy rápido y olvidarme”, indicó.
Iglesias, famoso por sus posturas sobre temas políticos y sociales, subrayó que seguiría el protocolo para que la situación no eclipsara la alegría de su equipo. “Creo que no es el momento de generar polémica; la gente sabe perfectamente cómo opino. Me encantaría hacer muchas cosas, pero la realidad es que, aunque la gente piense que soy todopoderoso, no tengo tanto poder para enfrentarme a según qué cosas”, aseguró.
El desenlace fue el que había previsto: España derrotó a Argentina, Trump estuvo presente en la entrega de medallas y el delantero mantuvo un saludo breve y distante con el mandatario.
Este gesto fue interpretado por muchos hinchas como una forma de cumplir con el protocolo, sin ofrecer una fotografía excesivamente cordial, coherente con lo que el propio jugador había anticipado.
Con esta victoria, España se adjudica su segundo título mundial, y Borja Iglesias suma a la celebración un episodio inesperado, que, aunque no se relaciona con su desempeño en la cancha, se transformó en uno de los momentos más comentados de la premiación.







