Hasta ahora, la actividad turística se concentraba entre la primavera y el verano, mientras que tras la Semana Santa comenzaba un periodo de baja afluencia, lo que obligaba a muchos a reducir operaciones o cerrar temporalmente.
No obstante, este año, una parte del sector privado ha decidido desafiar esa tendencia. El objetivo es atraer visitantes y comenzar a construir una demanda más sostenida a lo largo del año.
El turismo es el principal motor económico de esta ciudad santacruceña y cualquier extensión de la temporada puede tener un impacto significativo en el empleo, la gastronomía, el transporte, el comercio y otros servicios relacionados. La incógnita radica en si este movimiento será suficiente para modificar una estructura que durante décadas ha estado marcada por una fuerte estacionalidad.
Una temporada baja renovada
Uno de los cambios más visibles en este año proviene del sector hotelero. Turismo Doss, propietario de Esplendor El Calafate by Wyndham y de la Estancia Cruz Aike, decidió reducir de tres meses a uno el tiempo de cierre del hotel para realizar refacciones, algo esencial en la Patagonia argentina. “La decisión responde principalmente a la expectativa de captar la demanda de las vacaciones de invierno”, explicó Diego Coll Benegas, CEO de la empresa.
Operar en invierno no solo implica mantener habitaciones disponibles, sino también asegurar la continuidad de servicios que enriquecen la experiencia del visitante, como la gastronomía, áreas de descanso y propuestas de bienestar, que cobran especial relevancia cuando las condiciones climáticas limitan las actividades al aire libre.
Asimismo, la Estancia Cruz Aike es parte de esta estrategia de diversificación de experiencias, complementando la oferta tradicional de glaciares con actividades rurales y de conexión con la naturaleza, una alternativa atractiva en temporadas de baja afluencia.
Un invierno en busca de identidad
La construcción de una temporada invernal depende en gran medida de la oferta de productos turísticos que logren atraer a los visitantes.
En este sentido, destaca la decisión de Hielo y Aventura y Visit Patagonia de operar durante todo el invierno con sus caminatas sobre el Glaciar Perito Moreno, complementadas con navegaciones y otras actividades breves que funcionan durante todo el año. “Durante años, la pregunta más repetida fue: ‘¿Y en invierno no se puede?’. Este año decidimos responder que sí”, expresaron desde Hielo y Aventura.
Entre las razones para esta decisión se encuentra el creciente interés de turistas argentinos y brasileños, así como de viajeros de otros países latinoamericanos, por experiencias menos masivas que ofrezcan un mayor contacto con la naturaleza.
También se suma el Sendero Cerro Buenos Aires, un proyecto de Ignacio Alcántara en la Península de Magallanes, que propone recorridos en senderos ya existentes con grupos reducidos para minimizar el impacto ambiental. La excursión tiene una duración aproximada de cuatro horas y permite acceder a áreas nevadas cuando otras actividades suelen estar restringidas. “Es uno de los pocos lugares donde tenemos acceso para los turistas en invierno”, afirmó Alcántara.
Este desarrollo busca ampliar las opciones para quienes visitan El Calafate fuera de la temporada alta y generar actividad económica adicional para la comunidad local.
Rompiendo con la estacionalidad
Debatir sobre el invierno en El Calafate va más allá de la cantidad de turistas que puedan llegar en algunos meses del año. La estacionalidad influye directamente en el mercado laboral. Cuando se reduce la actividad turística, también disminuye la demanda de empleo en hoteles, restaurantes, agencias de viaje y en el comercio.
Para Coll Benegas, mantener operaciones a lo largo del año permite fortalecer los equipos de trabajo y mantener estándares de servicio que se hacen más difíciles de sostener con la apertura y el cierre reiterados cada año. Desde Hielo y Aventura comparten esa visión, señalando que una mayor actividad invernal puede brindar previsibilidad a las familias que dependen del turismo. Además, destacaron que cuando una excursión emblemática se mantiene activa, se genera movimiento en toda la cadena de valor, desde hoteles hasta comercios y servicios de transporte.
Conectividad y costos como desafíos principales
A pesar de la ampliación de la oferta de actividades, el invierno presenta retos para el sector turístico de El Calafate.
Bettina Simunovic, socia gerenta de Visit Patagonia, destacó que la conectividad aérea ha mejorado en comparación con décadas anteriores, lo que ha ampliado las posibilidades del destino durante los meses fríos. No obstante, advirtió que las frecuencias se reducen de manera considerable en comparación con la temporada alta, lo que limita el flujo de visitantes. Por ello, enfatizó la necesidad de sumar más operadores dispuestos a funcionar todo el año para que más turistas elijan a El Calafate como su destino invernal. “Calafate es un destino que invita a visitar en invierno. Hay posibilidades de llegar y actividades para realizar; solo hay que estar bien abrigado y preparado, ya que en la Patagonia el frío es intenso”, comentó.
El Calafate no pretende competir con los grandes centros de esquí de la Patagonia, sino construir su propia identidad, apoyándose en los glaciares, las navegaciones, caminatas sobre hielo, experiencias rurales, senderos de montaña y el paisaje nevado que rodea al Parque Nacional Los Glaciares.
Aunque aún no se cuentan con cifras definitivas sobre la cantidad de turistas que visitarán la localidad ni sobre el impacto económico de esta iniciativa, se observa por primera vez una unión de esfuerzos entre diversos actores. Los resultados de esta estrategia se podrán medir en los próximos meses y serán cruciales para determinar si El Calafate logra transformar su economía, históricamente dependiente del verano.







