¿Podría la economía argentina estar saliendo de su estancamiento en los próximos meses? Excluyendo el sector primario, en marzo de este año, último mes con cifras oficiales, la actividad económica se situaba ligeramente por debajo de los niveles de febrero de 2025, justo antes de que surgieran rumores sobre posibles modificaciones en el esquema cambiario vigente. Desde entonces, la economía, con excepción del sector primario que creció un 12,8%, ha fluctuado entre caídas y repuntes, con un notable aumento en marzo. Esta discrepancia entre el sector primario y el resto de la economía es parte del debate entre el Gobierno y los analistas sobre el desempeño económico reciente. Para el futuro inmediato, se anticipa un crecimiento interanual de más del 10% en el sector primario, impulsado por una cosecha excepcional y un aumento en la producción de petróleo. Sin embargo, la gran incógnita es si el resto de la economía podrá despegar, una pregunta que tiene una significativa repercusión electoral, dado que sectores como la construcción, el comercio y la industria son vitales para la generación de empleo.
Existen algunas señales que apuntan hacia un potencial cambio de tendencia, que podría iniciar un ciclo de expansión, aunque limitado y marcado por la incertidumbre. Un factor a considerar es que parte de la desaceleración económica se debió a las altas y volátiles tasas de interés que persistieron desde abril de 2025, consecuencia del mal manejo del nuevo esquema monetario. Esta situación, unida a un proceso de dolarización antes de las elecciones, llevó al Gobierno a priorizar la estabilidad cambiaria sobre el nivel de las tasas de interés. El crédito en pesos, que venía en expansión, empezó a contraerse al ser ajustado por inflación. Con un mercado laboral en apuros y tasas de interés elevadas, la mora de créditos en las familias se disparó del 2,7% a inicios de 2025 al 11,5% en marzo. Sin embargo, a partir de fines de febrero, el Gobierno tomó medidas para reducir y estabilizar las tasas de interés. Desde hace tres meses, las tasas de depósitos se sitúan por debajo de la inflación esperada, lo que indica una política monetaria más expansiva. En abril y mayo, el crédito en pesos ha comenzado a crecer ligeramente en términos ajustados por inflación. Por otro lado, aunque el crédito en dólares interrumpió su expansión cerca de las elecciones de 2025, ha mostrado un notable aumento desde enero de este año. Aunque se prevé que el crecimiento del crédito sea moderado en los próximos meses, dada la lenta expansión de los depósitos en pesos, sí se puede considerar un ciclo crediticio que ofrece un leve impulso en contraste con las presiones negativas que habían llevado a la economía a detenerse.
Por otro lado, la caída en el consumo y el desempeño económico también puede atribuirse al desplome del salario real, consecuencia de la inesperada subida de la inflación. En el sector privado registrado, los salarios perdieron frente a la inflación acumulando una baja del 4,5% desde septiembre hasta marzo; en el sector público, la situación fue similar, con un descenso acumulado del 18,2% desde noviembre de 2023, incluyendo reducciones del 36,7% para los trabajadores del sector público nacional y 10,5% para los provinciales. Esta disminución del salario real se debe, en parte, a la aceleración inflacionaria que pasó del 1,5% en mayo de 2025 a un promedio del 3,05% en el primer trimestre de este año. Este aumento fue, además, inesperado, lo que provocó que no se reflejara en las paritarias salariales.
Sin embargo, este proceso podría estar comenzando a revertirse. La inflación de abril fue del 2,6% y estuvo en línea con las expectativas de los analistas, y se anticipa que la cifra de mayo podría ser aún más baja (alrededor del 2,3%). Este aumento de precios se atribuía a cuatro factores, de los cuales algunos parecen haber quedado atrás. La estrepitosa alza del precio de la carne, que se incrementó un 59% en el mercado mayorista desde julio hasta febrero, contribuyó a un aumento del 6% en los precios minoristas. No obstante, este fenómeno parece haber tocado su fin, ya que la carne ha visto una baja del 9,9% en el mercado mayorista desde febrero. En cuanto a los precios regulados, como el gas y la electricidad, se espera que las escaladas de precios tras las elecciones hayan alcanzado su punto máximo. Un tercer factor que influyó en la inflación de marzo y abril fue el incremento del precio de la nafta, un efecto colateral de la guerra en Medio Oriente, aunque YPF ha aumentado su precio solo un 1% en mayo. Finalmente, el entorno de baja credibilidad y los aumentos parciales de precios han generado una inercia inflacionaria que continúa siendo incierta.
Sin embargo, con el impacto de los aumentos de carne y tarifas reguladas superado, junto a una débil demanda interna y un tipo de cambio relativamente estable, se espera que la inflación continúe acercándose al 2% mensual, llegando a perforarlo en algunos meses. Los analistas prevén inflaciones cercanas al 2% o ligeramente superiores hasta julio, y por debajo del 2% de ahí en adelante hasta diciembre. En este escenario, es posible que el salario real comience no solo a estabilizarse, sino a experimentar un leve crecimiento en los próximos meses.
Un tercer factor que podría contribuir a la recuperación económica es el ajuste en el gasto del sector público para mantener el equilibrio fiscal, a pesar de la caída de la recaudación tributaria. Este ajuste parece estar dando lugar a una ligera mejora en la recaudación en términos reales desde mayo, lo cual se alinea con un incremento en las importaciones que impulsará el IVA, además de las temporales reducciones de retenciones previas a las elecciones del año pasado. En resumen, es probable que el ajuste en el sector público finalice en el segundo semestre.
Los datos económicos, fuera del sector primario, son mixtos, aunque sugieren al menos una estabilización en abril y mayo. Según FIEL, la industria creció en abril, mientras que la construcción se contrajo, posiblemente debido a las lluvias en la región pampeana. Los datos disponibles para mayo son limitados, pero algunos indicadores muestran resultados mixtos. Las exportaciones alcanzaron un récord histórico en abril, con un aumento del 33,6% interanual y se espera que establezcan otro récord en mayo. Es evidente que las exportaciones, seguidas de la inversión, serán los motores que impulsarán la economía, mientras que el consumo crecerá lentamente.
El impacto de las tasas de interés bajas sobre el crédito, junto a un salario real que se estabiliza, un sector público que cesa su ajuste y un sector exportador dinámico, dependerá de las expectativas sobre la continuidad de las políticas económicas tras 2027. Esta percepción crecerá en relevancia una vez finalizado el Mundial de fútbol.
Desde una perspectiva económica, el Gobierno ha dado un paso significativo hacia la resiliencia del proceso pre-electoral al adquirir más de US$10.000 millones en reservas por parte del BCRA en lo que va del año. Las reservas internacionales sobrepasan los US$48.300 millones, incrementándose en casi US$7.300 millones respecto a finales de 2025, aunque las reservas netas se mantienen bajas. Es probable que el ritmo de compras se desacelere en la segunda mitad del año, época en que el BCRA se dedicará a manejar una leve depreciación del peso. Además, el Gobierno está extendiendo los plazos de vencimiento de la deuda en pesos para evitar pagos significativos antes de las elecciones.
Aun queda un paso por dar que implica resolver los correspondientes vencimientos de deuda de 2027. Se sugiere seguir el ejemplo de Uruguay, que aplica una política de financiamiento prudente, manteniendo un colchón de liquidez que permite prefinanciar parte de sus deudas. Esta estrategia, junto a la ausencia de crítica de la oposición sobre la deuda, ha llevado a que Uruguay presente un riesgo país muy inferior al de Argentina. Es probable que el Gobierno, aunque lo niegue por el momento, busque oportunidades en los mercados internacionales en el segundo semestre, como lo haría cualquier nación en condiciones normales.







